A vida da Rosa

Fotorreportaje: Tras la malaria en Mozambique

El 25 de abril se celebra el Día Mundial de la Malaria.

El fotógrafo Alfons Rodríguez se ha desplazado hasta Mozambique para mostrarnos la vida de Rosa y su contribución a la lucha contra la malaria en el sur del país.

Fotos: Alfons Rodríguez

Textos: Adelaida Sarukhan / Alfons Rodríguez / Beatriz Fiestas

Tierra de mosquitos

Mozambique es uno de los diez países con mayor carga de malaria en el mundo. El distrito de Magude consta de áreas húmedas y de cultivos de regadío, como la caña de azúcar, que favorecen la proliferación del mosquito 'Anopheles', que transmite el parásito de la malaria. © Alfons Rodríguez

5.00 am

Rosa Mouzinho tiene 39 años y es natural de Magude. Como cada mañana, recoge la red mosquitera que cubre la cama donde duermen ella y su hija de ocho años, Camila Carmen. © Alfons Rodríguez

Antes de salir

Rosa se prepara para ir a trabajar. Desde hace dos años, forma parte de un equipo del Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM) que se ha propuesto encontrar la manera de eliminar la malaria en el sur de Mozambique. © Alfons Rodríguez

En 2016 se produjeron 216 millones de casos de malaria en todo el mundo. De las 445.000 muertes, la gran mayoría (91%) ocurrió en África subsahariana. La creciente resistencia de los mosquitos a los insecticidas y del parásito a los antimaláricos, así como el estancamiento de la financiación para la lucha contra la malaria, ponen en peligro los logros alcanzados en las últimas décadas y subrayan la necesidad de eliminar la enfermedad.

La oficina de Magude

Rosa recoge su principal herramienta de trabajo, una 'tablet' con información sobre casos de malaria en el distrito. En ciertos momentos del proyecto, han llegado a estar conectadas más de 500 'tablets' al mismo tiempo en la oficina. © Alfons Rodríguez

La unidad móvil

Rosa y sus colegas cargan el vehículo con todo lo necesario para la jornada. El área de estudio del proyecto abarca 6.960km2, con 11.960 domicilios y 52.740 personas. © Alfons Rodríguez

Muguingui

Rosa y un equipo de entomología recogen larvas del mosquito 'Anopheles gambiae' en una charca de ganado para ser trasladadas al CISM. © Alfons Rodríguez

El CISM nació hace más de 20 años. Desde entonces, se ha convertido en un centro de referencia en la investigación sobre la malaria. En su insectario se pueden evaluar nuevas herramientas para controlar el mosquito: redes mosquiteras impregnadas con diferentes insecticidas, productos químicos en desarrollo o viejos fármacos con efecto antimosquito (la ivermectina).

Criando mosquitos

El insectario del CISM puede llegar a conservar hasta 24.000 larvas para su estudio. Un miembro del equipo revisa el estado de los mosquitos 'Anopheles' criados a partir de las larvas recogidas en el terreno. © Alfons Rodríguez

El mosquito

Las machos 'Anopheles' se alimentan del néctar de algunas plantas pero las hembras se alimentan también de sangre, que necesitan para generar los huevos. Son ellas las que transmiten la malaria. En la imagen, hembras en cautividad inflan el abdomen tras alimentarse de sangre bovina. © Alfons Rodríguez

La fumigación

Una de las intervenciones que más ha contribuido a reducir el número de casos de malaria es la fumigación dentro de las casas. Un miembro de la organización Tchau Tchau Malaria (Goodbye Malaria) pulveriza con insecticida una vivienda. El efecto durará seis meses durante los cuales no se deberán lavar ni pintar las paredes. © Alfons Rodríguez

Maguiguane

Rosa ayuda a sus compañeros, Albino Vembane y Agustinho Sitoé, mientras realizan pruebas para evaluar la eficacia del insecticida con el que se pulverizaron las paredes de una casa. © Alfons Rodríguez

Un bioensayo

Soplando a través de una manguera, Agustinho Sitoé introduce un mosquito en la cápsula adherida a la pared. Si el mosquito muere, el insecticida aún es eficaz. © Alfons Rodríguez

Redes mosquiteras

Las redes mosquiteras impregnadas de insecticida han sido, y siguen siendo, una de las principales armas para luchar contra la malaria. Se estima que, ellas solas, han contribuido en gran parte (un 70%) a la reducción del número de casos en las últimas décadas. © Alfons Rodríguez